| Informe del XII Congreso de Antropología en León |
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Entre los días 6 a 9 de Septiembre, y después de tres años del último encuentro en San Sebastián, las asociaciones españolas de antropólogos a través de su federación, F.A.A.E.E., celebraban en la ciudad de León su XII Congreso de Antropología. A esta reunión de profesionales de la Antropología no sólo acudían antropólogos formados y nacidos en España sino que también tuvimos el placer de escuchar a ponentes relevantes procedentes de otros países como los profesores Stanley Brandes, de la Universidad de Berkeley; Lucy Cohen, de la Universidad Católica de Washington; Joao de Pina-Cabral, Universidad de Lisboa; Ruth Behar, Universidad de Michigan; o Andrés Fábregas Puig, de la Universidad Intercultural de Chiapas en México. En esta ocasión, como en tantas otras, bajo el título de “Lugares, Tiempos, Memorias” tuvimos la gran oportunidad de tener acceso a una gran variedad de producción antropológica repartida en una gama muy diversa de simposios, posters, mesas de trabajo, mesas redondas, sesiones plenarias y actividades alternativas, todas ellas sumamente enriquecedoras pero inabarcables para una sola persona. Los simposios planteaban temas tan diversos como:
Así como las mesas de trabajo que abordaban, por ejemplo, la temática siguiente: He querido detallaros parte del contenido del programa como muestra de la variedad tan amplia de temas a la que se dedican los antropólogos españoles y algunos extranjeros presentes en el Congreso y también como referencia general de los intereses que actualmente parecen abordar el análisis antropológico actual. Dada la imposibilidad de acceder y mostrar de ninguna manera la diversa gama de comunicaciones, centré mi atención sobre todo en los simposios de “El sentido de la Antropología hoy: responsabilidades, dilemas y acciones”, y “In-corporaciones antropológicas: Análisis desde el cuerpo y las emociones”. El primero de ellos me interesaba porque quería conocer las tendencias de la antropología en la actualidad y su posible futuro, los temas de la propia disciplina que cuestionaban los antropólogos, los retos e innovaciones que pudieran contemplar. Mi mirada hacia este tema partía de mi propia situación personal puesto que aún no me siento identificada con el gremio de antropólogos y en este tipo de reuniones no encuentro ubicación para mi propio trabajo. En este simposio descubrí exposiciones muy diversas e interesantes. Me di cuenta de la enorme gama de posibilidades que planteaba la disciplina y las múltiples situaciones sociales en las que la intervención de la práctica antropológica tiene mucho que aportar y que desafortunadamente es ignorada por el público en general, lo cual pasa por la responsabilidad que los mismos antropólogos tenemos en dicha cuestión. Se trataron cuestiones de género que aún quedan muy patentes en las prácticas culturales, incluso festivas, Margaret Bullen; el papel de las asociaciones locales para impulsar el trabajo antropológico, Carlos Cabrera; la mirada antropológica a través de la producción audiovisual, Antonio Cadierno; los nuevos retos profesionales, María Cátedra; La Tecno-Antropología, Jordi Colobrans; las innovaciones en la forma de transmitir el conocimiento antropológico en los museos, Josep Fornés y Enric Miró; la antropología de la vida cotidiana, María Peláez; reflexiones sobre la antropología aplicada, Teresa San Román; la aportación de la antropología como puente entre culturas en el sistema sanitario, Lucía Sanjuán y cols.; dilemas actuales de la disciplina y su enfoque en la Academia, María Valdés; reflexiones sobre la intervención social antropológica por ejemplo en temas de extranjería, Adriana Villalón; crítica de la disciplina, etc…
En cuanto al segundo simposio, se analizaban fenómenos culturales muy concretos que tenían una gran implicación en el cuerpo y en las emociones. Así se mencionaron temas tan dispares y curiosos como el efecto de sentir el viento en la cultura y turismo de Tarifa, M. Ángeles Corbacho; los curiosos ritos emocionales y corporales de las despedidas de soltero, Luisa Abad; la experiencia de las caravanas de mujeres como fenómeno social, Yolanda Bodoque; etnografías sobre “el amor negado” y su influencia en el cuerpo y las emociones, Lorenzo Mariano; el fenómeno del bertsolarismo vasco, Jone M. Hernández; o del Pulanaaku entre los peul borgubé de la República de Benín, Almudena Marí; o la práctica del likelemba congoleño, Marta Arnaus; la relación entre alimentación, cuerpo y pobreza, Juanjo Cáceres; comunicaciones corporales no publicadas en un espacio barrial, Sergio García; corporización del miedo entre policías encarcelados en México, Miguel Ángel Ruíz; las intimidades transatlánticas cruzando fronteras y con ellas cuerpos, deseos y emociones, Octávio Sacramento; etc… Todas estas ponencias y muchas otras daban cuenta de las interacciones corporales y emocionales en contextos culturales en cambio; de las reconfiguraciones identitarias y críticas estéticocorporales; y de los significados, experiencias y prácticas institucionales de la salud, el dolor y el sufrimiento; todos ellos fenómenos presentes en las sociedades humanas que el antropólogo analiza y relaciona. En los mínimos huecos que encontraba, mi curiosidad hacía incorporarme aisladamente a otras reuniones, sobre el efecto de la memoria en las prácticas sociales; o sobre la importancia de recordar culturas que han pasado por la península ibérica en el pasado de las cuales aún formamos parte y que forman parte de nosotros en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana que no reconocemos y que la antropología se encarga de recordarnos; sobre recuerdos de nuestro pasado más reciente, de las prácticas y forma de vivir de generaciones anteriores a las nuestras cuyo conocimiento permite que nos situemos nosotros mismos en el presente. En fin, sería imposible poder trasladaros tanta riqueza social y cultural en este resumen. Sólo quería terminar comentando un discurso, el de clausura del profesor Luís Díaz Viana, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el cual hizo mención de algunos grandes retos de la antropología en la actualidad, los cuales tienen mucha relevancia para mí y con los que me identifico bastante, de ahí mi desubicación profesional, y que quizás me sirvan de crítica constructiva hacia la disciplina. Él mencionaba como grandes objetivos de la antropología:
Yo creo que estos son algunos buenos apuntes para ampliar la temática de los trabajos antropológicos, y líneas muy a tener en cuenta para comprender la enorme responsabilidad que el antropólogo puede y debe jugar en nuestro presente y futuro y para ello, yo diría que es necesario conocer el ser humano en el pasado. De ahí mi apuesta por el estudio de la evolución humana como forma de comprendernos tal y como somos ahora y lo que podemos llegar a ser en el futuro y de la que, hasta ahora, no encuentro reflejo en la muestra de trabajos del Congreso español de antropología. Añadiría a esto la necesidad de realizar en estas reuniones una profunda discusión y revisión de la metodología etnográfica y antropológica, con el abordaje de una integración interdisciplinar más efectiva, que hasta ahora apenas parece estar presente en discursos pero no en prácticas reales. |






Fueron reuniones muy ricas en las que se hizo hincapié en la capacidad transformadora de la antropología, en su capacidad de empatía cultural, en la necesidad de conectar con las necesidades de la sociedad trabajando a veces como interlocutor entre agentes, en la difusión de la antropología en la sociedad, reconociendo la subjetividad del investigador y de los sujetos estudiados y la imposibilidad de la objetividad absoluta, analizando la posibilidad de no neutralidad del investigador en su trabajo al incluir a los actores insertados en un sistema, en la necesidad de ampliar las perspectivas incluyendo la visión multidisciplinar, apuntando que el conocimiento de la alteridad ayuda al conocimiento de uno mismo, analizando los nuevos retos que la economía de mercado plantea en la práctica antropológica, su papel como intermediario entre una sociedad humanizada y tecnificada, el papel del antropólogo como un posible “asesor social” sirviendo de mediador entre profesionales de distintas disciplinas que hacen explícito e intercambiable el conocimiento, entre otros temas. En general, discusiones muy interesantes que fomentaban la reflexión colectiva y el aporte de ideas.