¿Una nueva especie?
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camilo_diariomallorca10-04-2010

¿Una nueva especie?

Camilo José Cela Conde

Hallar nuevas especies es una actividad bastante común en el mundo de la ciencia, es especial si estamos hablando de microorganismos, plantas o incluso animales invertebrados. Dar con una nueva especie de reptil es asunto más arduo, en especial si se trata de uno grande, pero tampoco rarísimo -ha sucedido hace poco con el Varanus bitawa de la isla filipina de Luzón. Toparse con un primate desconocido es un acontecimiento en verdad espectacular y raro. Pero, ¡ay!, encontrar una nueva especie de ser humano, si se trata de un fósil, al menos, parece una de las tareas más sencillas que existen a juzgar por la gran cantidad de nuevos humanos -o, si se prefiere, homínidos-, que se proponen al hacer un balance de la antropología a lo largo de unos cuantos años.

Algunos de esos hallazgos no pasan de ser un homenaje al alto aprecio que tenemos por nuestros propios logros, y apenas pueden justificarse si no es recurriendo a los egos desmesurados. Pero otros van de veras hasta revolucionar el concepto mismo que parecía bien establecido acerca de lo que es, o ha sido, la evolución de nuestro linaje. Eso mismo pasó cuando el Homo floresiensis fue anunciado para pasmo de tirios y troyanos.

Ahora le toca el turno al enigmático ejemplar de la cueva Denisova, en las montañas Altai del sur de Liberia. Con 45.000 años de edad, no se sabe en qué especie colocarlo. Con el añadido de que apenas se conocen los rasgos de ese nuevo taxón. No se cuenta con ningún cráneo, ni mandíbula, ni otra cosa que no sean fragmentos de los huesos. Su descubrimiento se ha hecho gracias a la recuperación del ADN mitocondrial.

¿Puede certificarse una nueva especie en función de esos indicios? Tal vez, pero no es seguro. Con 45.000 años de edad existían, cerca de las montañas Altai, humanos de aspecto moderno (Homo sapiens) y neandertales. Tal vez hubiese también unos últimos Homo erectus en el Oriente lejano; desde luego, se contaba con parientes cercanos de ellos, los Homo floresiensis, cerca de la isla de Java. Pero el ADN mitocondrial recuperado en Denisova se parece al de los neandertales y los humanos modernos -a la vez que resulta distinto al de ambos. De ahí que no quepa acordarse de los erectus asiáticos. Y de ahí también que se sugiera el que podemos estar ante una nueva especie.

Hay otras alternativas posibles. Como ha sucedido en otras ocasiones -el ejemplar LM3 del lago Mungo de Australia-, puede ser que lo que suceda es que, siendo propio de una población apartada y aislada, el ADN mitocondrial haya desaparecido en el resto de la especie a la que ese ejemplar pertenece. Al transmitirse sólo por vía materna, es posible la pérdida de información genética por las mismas razones que se pierden los apellidos, si dependen del padre, cuando una familia tiene sólo hijas. LM3 es un humano moderno pero con un "apellido" raro y ausente en el resto del mundo. Quizá al ejemplar de Denisova le pase lo mismo.